Aprender a crecer haciendo memoria de la historia…

El tema que abordamos durante la presente semana es el de la memoria institucional. Al respecto de la misma se han dicho cosas interesantes y no tan interesantes, se han estructurado modelos bastante fáciles y otros demasiado complejos, se ha abandonado la tarea y se ha retomado, etc. Todo lo dicho en función de una realidad sumamente esencial en la gestión del conocimiento: la necesidad de conocer la historia.

Millones de pueblos y culturas se forjaron y organizaron en torno a las historias, que en un primer momento hicieron parte del patrimonio narrativo y más adelante pasaron a serlo del escrito; incluso la misma filosofía antigua da sus primeros pasos desde la oralidad mimética, para luego abrirse campo a través de la dialéctica hecha escritura. En otras palabras, el común denominador en la historia de la humanidad ha sido el de pasar de lo oral a lo escrito, de la prosa a la tinta, del pensamiento sonoro al pensamiento en red (Idea inferida de Brian Gongol).

Ahora, los pasos mencionados no se han hecho sin dejar un registro en algún lado y de formas diferentes. Las imágenes en lascaux, las catacumbas de los cristianos, las bibliotecas que contenían la sabiduría de muchas culturas, los papiros y sus jeroglíficos, el papel, la memoria de la computadora, las redes sociales, entre otras formas, son a groso modo vehículos que permiten ver claramente un hecho innegable: el hombre siempre ha mirado su historia como contexto de crecimiento (Idea inferida de Ewen Le Borgne).

En la actualidad, mirar la historia implica hacer memoria de los momentos, realidad que es fundamental para el crecimiento. Vale la pena decir que no necesariamente se debe organizar un encuentro dedicado a la elaboración de la memoria histórica, porque en definitiva cada momento hace parte de la historia de una persona y de una institución, por lo que es posible a través de acuerdos y por medio de canales convenidos precedentemente, construir la memoria institucional. Ayuda a lograr este objetivo el tener claras tres cosas: los sucesos, los procesos y las decisiones, que vendrían siendo filtros para construir una auténtica memoria institucional (Idea inferida de Harold Jarche).

Hablar de una auténtica memoria institucional es a mi modo de ver hablar de una que funciona, que permite dinamizar procesos, que impide “descubrir” lo que ya fue descubierto, pero al mismo tiempo una que facilita y agiliza los procesos que se llevan adelante a nivel institucional, que logra combinar conocimiento implícito con explícito, que dinamiza desde el pasado y ayuda en prospectiva de futuro a la gestión del conocimiento. Es por eso que no podría hablarse de una auténtica memoria institucional si no propicia el crecimiento, y si nuestros antepasados crecieron haciendo memoria, pues con mayor razón nosotros –hombres y mujeres del siglo XXI- tendríamos que tener el camino más expedito para lograr lo que ya nos indicaron es positivo en todo sentido.

Siempre se ha dicho que el que no conoce la historia está condenado a repetirla, expresión que personalmente comparto a todas luces, en cuanto denota dos cosas a mi entender: lo primero es que la historia es importante no como conjunto de sucesos simplemente, sino como experiencia que forma y es capaz de transformar, y lo segundo es que la historia es fuente perenne de conocimiento y muchas otras cosas que sirven para evolucionar, para innovar, para crecer. No por casualidad hay una tendencia en la actualidad a volver a lo antiguo, a esquemas y modelos ya conocidos, no para repetir lo que se hacía, sino para aprovechar todo el potencial que conservan y que aún no ha sido explotado en sentido positivo.

A nivel institucional lastimosamente este no es punto negro, sino más bien un agujero negro, dado que en lo que se refiere a memoria institucional estamos bastante mal. Se conserva un buen número de fotografías de diversos momentos, pero no se ha hecho el trabajo de poner por escrito el sentido y significado de cada imagen, ni mucho menos se ha dado espacio a la recopilación de historias y narraciones. Considero que es un excelente escenario en donde todo está dispuesto para elaborar una espectacular memoria institucional y espero ser parte de ello, en cuanto he experimentado crecer cuando he hecho memoria de mi historia. No alcanzo a imaginar lo que podría crecer mi institución si se hace lo mismo con su memoria histórica.

 

 

 

 

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